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 En el Archivo de la Curia Arzobispal de La Plata, se encuentran los originales de las siguientes gracias recibidas por intercesión de la Sierva de Dios, Ludovica de Angelis, de las que fueran enviadas copias autenticadas junto con la Copia Pública, con nota dirigida por el Excelentísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo de La Plata Monseñor Antonio Quarracino a su Eminencia Reverendísima Cardenal Angelo Felici.

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El señor Jorge, de 54 años fue internado en el Hospital de Mercedes (Provincia de Buenos Aires), el día 19 de abril de 1985. Su estado era muy grave: continuos vómitos de sangre y hemorragia de intestino, anemia, tensión arterial muy baja.

   Estaba desahuciado por los médicos. Casi inconsciente recibió la Unción de los enfermos. Ese mismo día la religiosa encargada de la sala y la esposa del enfermo comenzaron una novena a la Sierva de Dios Superiora Ludovica. Esa misma noche tuvo una mejoría y fue evolucionando favorablemente.

   Al noveno día los médicos ordenaron darle té para beber, luego comenzó a alimentarse gradualmente hasta recuperarse totalmente y ser dado de alta.

   Para la Navidad de 1988 pasó por el Hospital a saludar a la religiosa asegurándole que su salud había continuado siempre bien.

 

En diciembre de 1988 fue internado en el Hospital de Niños de La Plata el pequeño Lucio de seis meses de edad. Su mamá lo acompañaba con mucha preocupación porque el pequeño se negaba a alimentarse y debían hacerlo por medio de sondas.

   El día 28 comenzó a invocar la intercesión de la Superiora Ludovica. Cuando le trajeron el biberón la mamá mirando la estampa de Sor Ludovica dijo: "haz que se produzca este milagro, ya no quiero ver a mi hijo con sondas y que lo pinchen en todo el cuerpo para ponerle el suero".

   Seguidamente le acercó a la boca el biberón y el niño comenzó a tomar con ganas. Fue tan grande la alegría de su madre que comenzó a reír y llorar. Luego continuó alimentándose normalmente suspendiéndole la medicación. Ya curado regreso a Mendoza, su ciudad.

 

Los esposos Claudia y Omar, de Punta Alta (Provincia de Buenos Aires) atribuyen a la intercesión de Sor María Ludovica la gracia de la curación de su hijito.

   "El 22 de octubre de 1988,llegamos al Hospital de Niños con nuestro hijo muy enfermo de los riñones, los días pasaban y su evolución no era notable.

   Una mañana se nos acerca una Hermana, bautizó a nuestro hijo con el Agua de Socorro y nos regaló una estampa de la Superiora Ludovica.

   Nuestros rezos y la ayuda siempre milagrosa de Sor Ludovica hicieron que Elián comience a sonreírnos. Nuestra fe y esperanza crecen día a día, y más viéndolo hoy correr, jugar y sonriéndole a la vida que gracias a Dios puede disfrutar"

 

Fernanda fue internada en estado grave en el Hospital Sor María Ludovica. Los médicos diagnosticaron varicela hemorrágica con gran disminución de plaquetas y anemia. Al día siguiente dijeron que no pasaría la noche.

   A la tarde, la religiosa de la sala junto con el papá rezó la oración para obtener por intercesión de Sor María Ludovica la gracia de la curación de esta niña. La mamá también rezaba en el hall del Hospital ante la estatua que recuerda la memoria de la Superiora Ludovica.

   La niña recobró totalmente la salud. Su mamá concluye su testimonio escrito diciendo: "tengo fe de que la Sierva de Dios intercedió en nuestro favor".

 

El doctor Ismael Martín Márquez, que conoció a la Superiora cuando aún era practicante de medicina, se encomienda frecuentemente a su intercesión y declara haber sido escuchado por la Sierva de Dios:

   "Un hermano mío padecía esclerosis en placa, enfermedad que afecta el sistema nervioso. Cuando me enteré del diagnóstico de la enfermedad comencé a rezar. Mi hermano tenía veinticinco años, yo pedía el milagro no de su curación sino del alargamiento de su enfermedad, de su proceso. Sor Ludovica fue mi refugio espiritual, le imploraba, le rezaba, le pedía ayuda y el milagro se produjo: mi hermano vivió veinte años con su enfermedad. Falleció como yo lo deseaba, sin sufrimiento, lentamente, sonrientemente, conversándome, diciéndome que estaba bien. Gracias Superiora Ludovica".

 

El día 27 de abril de 1986, las hermanas Sandra y Nancy sufrieron un accidente automovilístico. Sandra aparentemente con lesiones leves, fue internada en un sanatorio de Quilmes. Su hermana Nancy, en estado muy grave (politraumatismo de cara, fractura de maxilar) fue llevada al Hospital de Niños "Superiora Ludovica".

   Tres días después del accidente, Sandra entró en estado de coma. La mamá que estaba asistiendo a Nancy al saber esta noticia fue a la capilla del Hospital a rezar por sus hijas. Allí encontró una estampa con la oración para pedir gracia por intercesión de la Superiora Ludovica, y comenzó a invocarla día a día pidiéndole que intercediera ante Dios por la vida de sus hijas.

   Nancy fue operada tres veces. Se le hicieron delicados injertos y suturaciones en el ojo y maxilar, temiéndose que perdiera la vista. Al hacer el injerto del maxilar no había suficiente tejido, no obstante la suturación el maxilar quedó suelto.

   Un odontólogo se animó a hacerle nuevamente la sutura. Ante estos inconvenientes la mamá invocó insistentemente a la Superiora Ludovica, tocando la estatua que se encuentra en el hall del Hospital.

   El maxilar de Nancy quedó soldado y no perdió la vista.

 

La señora Beatriz, de la localidad de Canals, provincia de Córdoba; en el mes de noviembre de 1985, se presentó en el Hospital de Niños con el pequeño Ezequiel, su hijo de cuatro años, que padecía de un problema neurológico que provocaba en él un gran desequilibrio psíquico con un estado de excitación permanente y llanto. Anteriormente había recurrido a especialistas de la ciudad de Córdoba sin obtener resultados satisfactorios.

   El médico que lo atendió en el Hospital de Niños de La Plata, consideró que se trataba de un caso irreversible por lo cual le aconsejó no traerlo más a este Hospital, tan distante de su casa (600 kilómetros). La mamá, afligida, encomendó a la Superiora Ludovica la salud de Ezequiel.

   De regreso a su casa y agradecida por haber obtenido la gracia pedida a la Sierva de Dios, se expresa de este modo: "Ezequiel está muy bien, realmente ha vuelto a ser el nene de antes. Está tan bien, que con mi esposo hemos decidido llevarlo a hacer los controles a La Plata y no a Córdoba como indicaron los médicos del Hospital, No sabemos cómo agradecer a Dios el haber recibido tan grande bendición. Sigo haciendo novenas continuadas a la Superiora Ludovica, donde ya no le pido tanto sino le agradezco".

 

El 21 de julio de 1985, Juan José, que acababa de cumplir seis meses se enfermó. La fiebre alta, el llanto intenso y sus movimientos hacían intuir que tenía mucho dolor de cabeza.

   El día 25 fue internado en el Hospital de Florencio Varela, y el 27, ante la imposibilidad de curarlo, los médicos lo derivaron al Hospital de Niños "Superiora Ludovica" de La Plata. Fue internado en Terapia Intensiva de lactantes. Los médicos diagnosticaron una meningoencefalitis, diciendo que su estado era gravísimo, ya que el mal llevaba varios días de evolución. No daban esperanzas y aseguraban que si se salvaba quedaría con grandes secuelas neurológicas.

   los padres encomendaron la curación de Juan José a la Superiora Ludovica rezando todos los días la oración para obtener gracias por su intercesión.

   A fines de septiembre el niño fue dado de alta y se recuperó completamente, sin secuelas.

 

Con una expresiva carta del 11 de mayo de 1989, la señora Amanda (Provincia de Córdoba, Argentina) declara haber recibido una gracia por intercesión de Sor María Ludovica.

   "No tengo palabras para expresar la gracia recibida de Sor María Ludovica. Mi hermana Graciela perdía todos los bebés que gestaba, y esto haciendo tratamiento especial.

   La promesa hecha a la Sierva de Dios María Ludovica fue: rezar la oración por mi hermana todos los días y durante los nueve meses; y he aquí que nació un hermoso varón, sano mental y físicamente".

 

La señora Mabel de Concepción del Uruguay (Provincia de Entre Ríos, Argentina), recurrió a la intercesión de la Superiora Ludovica para obtener de Dios la gracia de que su suegro aceptara los Sacramentos antes de morir: Mi suegro enfermó y se diagnosticó un cáncer. Pasado el impacto doloroso al conocer esto, pensamos con mi esposo y mi tía, hacer que los días que Dios le dejara vivir, alcanzaran para que descubriera a Cristo y se entregara a Él, pues no era práctico.

   Comenzamos a invocar diariamente a Sor Ludovica. Pasó más de un año, lo visitaron tres sacerdotes, esto lo alegraba pero nada más.

   Continuamos rezando y tuvimos la alegría de que muriera en paz, después de haber recibido los Sacramentos, perfectamente consciente y sereno, reconciliado y alimentado por el Pan de Vida, confortado con la Unción y Bendición. Damos gracias a Sor Ludovica por su intercesión".

 

La señora Nilda de Mercedes (Provincia de Buenos Aires) da testimonio de una gracia obtenida de la Superiora Ludovica a favor de su hija Marta María de Jesús.

   La joven se enamoró de un joven neurótico, sin fe ni ética. Los padres no podían llamarle la atención porque se ponía peor.

   Marta María, que había sido catequista, por influencia de su novio no sólo dejo de serlo sino que también dejó de frecuentar la Iglesia, cayendo en rebeldía total.

   Una religiosa del Colegio de Mercedes le habló a la señora Nilda de la Superiora Ludovica, entonces ella y su esposo le encomendaron que cuidara a su hija. Rezando mucho, ofrecieron el Santo Rosario y colocaron el retrato de la Superiora Ludovica en el departamento que ocupaba en Buenos Aires.

   Por un tiempo las cosas siguieron igual y la joven, en contacto con este novio desequilibrado parecía perder la salud mental. Mientras tanto, gracias a Dios la Madre Ludovica protegía su virtud en medio de toda esta locura.

   Después que el muchacho le pegó y humilló, a la joven se le cayeron las vendas de los ojos; el matrimonio recuperó a su hija como era antes: alegre, vivaz, llena de vida. Volvió a frecuentar la Iglesia, los Sacramentos y fue dócil y atenta a lo que le aconsejaban sus padres.

 

El 31 de julio de 1988 fue internada la señora Mercedes con parálisis total de garganta y neumonía, con edema de glotis.

   Una médica que atendía las enfermedades de neumocardiología dijo a la hija de la enferma: "lo que tiene tu mamá es terminal"

   La señora Mercedes pensando que había llegado su hora se entregó en las manos del Señor. Al día siguiente recibió una estampa con la oración para pedir gracia por intercesión de la Superiora Ludovica. Como la enferma ya casi no podía leer, las recitaba su hija, ella se limitaba a expresar su confianza poniendo la estampa debajo de la almohada y pidiendo con ese gesto a Sor Ludovica que no se aparte de ella y la cuidara.

   Después de veinte días de internación, durante las cuales siguió con suero y oxigeno, transfusiones de sangre y alimentándose por medio de sondas, le dieron un sorbo de té (a pedido de la enferma) y con gran sorpresa de todos lo pudo tragar. Desde ese momento empezó a alimentarse por vía oral gradualmente.

   La señora Mercedes recuperó la salud y testimonia su agradecimiento a la Sierva de Dios junto con su hija Leonor.

 

Los padres de Antonella, de nueve meses dan a conocer la gracia recibida por la intercesión de la Superiora Ludovica.

   Antonella fue intervenida quirúrgicamente en cinco oportunidades a lo largo de veinte días y debido a dichas intervenciones sufrió una infección gravísima en todo su cuerpito, a raíz de ello hizo un paro cardíaco, reaccionándola mediante electro shok.

   Ante la desesperación de los padres por el estado de su hija, reciben de la mamá de un niño internado en Terapia Intensiva junto a Antonella, la oración a Sor María Ludovica , por la cual ella sentía una verdadera devoción.

   Comenzaron a pedir que por su intercesión dejara de avanzar la infección y que iluminara las manos y mente de los médicos que la operarían en su última intervención.

   Gracias a su intercesión ante el Padre Celestial, la pequeña venció. La infección fue controlada y la operación fue un éxito, en estos momentos está fuera de peligro.

 

Diego fue internado por sus padres en el Hospital de Mercedes, los médicos que lo atendieron diagnosticaron parálisis facial con insensibilidad en brazo y pierna izquierda. Según los médicos estaban ante un tumor cerebral. Fue derivado al Hospital de Niños Sor María Ludovica.

   Después de varios estudios, confirmaron que Diego tenía un tumor muy serio que se encontraba ubicado en un lugar muy profundo del cerebro, y debía ser extirpado.

   Sus padres comenzaron a rezar a Sor Ludovica y a pedirle que Diego sanara milagrosamente.

   Cuando llegó el día de la operación, los médicos comprobaron asombrados que el tumor se había disuelto.

 

El día 22 de diciembre de 1993, Alexis amaneció con fiebre, dos días después continuaba con temperatura y además de diarrea con sangre.

   Luego de varios estudios, el diagnóstico fue salmonela acompañada por hipotermia (baja temperatura). Fue internado el día 11 de enero. Esa misma noche sufrió una descompensación, pero luego se mantuvo una semana estable.

   El día 25 de enero vuelve a tener diarrea e hipotermia. Cuentan sus padres: "nuestra desesperación era tan grande que recurrimos en busca de ayuda al Padre Ignacio en la ciudad de Rosario, y la hemos recibido a través de la Hermana Susana del Carmen, que nos dijo que tuviéramos fe y que rogáramos por la salud de nuestro hijo a Sor María Ludovica y gracias a ella se recuperó favorablemente".

 

El día 31 de enero de 1994, a mi esposo y a mí nos invadió una tremenda angustia y desesperación; nuestro pequeño hijo de cinco años fue víctima de la bacteria del meningococo (meningitis). Ante esta situación tan desesperante no sabíamos que hacer. Estábamos en la puerta del Sanatorio de Niños de la ciudad de Rosario, cuando al vernos de esa forma se arrimó con mucha dulzura y comprensión una Hermana, que con sus ojos y voz tan tierna nos demostró su vocación y su amor por los niños. Nos habló de la Sierva de Dios Sor María Ludovica, nos dio un folleto con su vida y una oración, la cual, nos dijo que la recemos con muchísima fuerza y fe. Lo hicimos todo el tiempo. Y hoy gracias a ello ya estamos en casa, Pablo ya está jugando con sus dos hermanitos.

   Quiero hacer saber que gracias a la intercesión de la Sierva de Dios Sor Ludovica, nuestros corazones hoy laten fuertemente y emocionados otra vez.

 

Alan de siete meses de edad es internado en el Hospital de Niños Sor María Ludovica, de la ciudad de La Plata, trasladado desde el Hospital San Roque de la localidad de Gonnet, debido a su estado de gravedad.

   El 27 de octubre de 1996, ingresa a este Hospital a la sala de infectología, a las pocas horas es derivado a la Unidad de Terapia Intensiva, diagnosticándole un meningocoxemia. El primer informe médico que se recibió de Terapia Intensiva fue: estado gravísimo, que no había posibilidad de vida y que en cualquier momento habría malas noticias.

   Dicen su mamá y su abuela: "ante esto nos pusimos en manos de Dios y bajo el manto materno de la Sierva de Dios Ludovica, pidiéndole que intercediera por la curación de Alan. Cada día aumentaba más nuestra fe a Ludovica y rezábamos con gran fervor a pesar de los informes médicos que no eran buenos, siempre esperando su desenlace fatal, según los médicos. Esto no debilitó nuestra fe, al contrario, cada día aumentaba más.".

   Sor Ludovica intercedió ante Dios y Alan hoy goza con su mamá y abuela, que venimos a testimoniar esta gracia.

 

Patricia fue internada en grave estado en el Hospital Fernández de Capital Federal, por padecer dos clases de leucemia. Estuvo once días en Terapia Intensiva, con relajación de esfínteres.

   Se recupera lentamente pero queda ciega. A los padres les llega, de un conocido, el libro "Derramando Amor" (vida de Sor Ludovica), para que se lo leyeran y rezaran. Mientras aquí, en la ciudad de 25 de mayo, en la Capilla Nuestra Señora del Carmen pedimos por la beatificación de la Sierva de Dios y la salud de Patricia.

   Patricia regresa a Terapia Intensiva en el Hospital Sirio Libanés, por tener que colocarle una válvula en la cabeza por el líquido cefalorraquídeo, se recupera pero pierde la vista. Al hacerle los análisis, la leucemia no avanza.

   La estaban preparando para un trasplante medular. Le hacen nuevamente los análisis y gracias a Ludovica, el resultado es negativo. Lo repiten cada quince días y el resultado sigue siendo negativo.

   Le dieron el alta médica, toma un sólo medicamento. Actualmente vive en Capital y está recuperando la vista.

 

"Quienes suscribimos, Patricia y Dante, unidos en el amor, queremos atestiguar públicamente el milagro concedido por el Altísimo por mediación de Sor Ludovica y del Sagrado Corazón de Jesús.

   Queremos que padres que pasen por la desesperación de ver a sus hijos queridos ya sin esperanzas, imaginen y crean firmemente en la bendición de Dios, orando a Sor Ludovica y a Jesús con todas sus fuerzas, y luego sepan que Dios obrará lo que parece imposible, abandonándonos a su voluntad, El verá y obrará lo mejor.

   Hemos pasado por momentos terribles, hemos estado viviendo horas de angustia, pero en la oración hemos encontrado consuelo y fe de que Dios no nos dejaba solos.

   Es inmensa nuestra alegría y nuestro agradecimiento, y sabemos también que es grande nuestra responsabilidad para con nuestra hija que debe ser feliz.

   El sabio doctor podrá decir que su salud es "estable" o "evolución normal". Gracias a su ciencia y a sus manos que arreglaron su corazoncito de tres meses, el de nuestra hijita querida Ghislaine Ivette, pero sabemos que fue en realidad la voluntad Divina, que Dios hizo el milagro, que Sor Maria Ludovica y el Sagrado Corazón de Jesús escucharon nuestros ruegos".

 

"Después de un tiempo decido comunicarle la gracia que recibí de Sor Ludovica. El diagnóstico presentaba un cuadro bastante serio, era un tumor maligno, el médico daba poca esperanza. Decidió operar, me manifestó que debía hacer el tratamiento de quimioterapia. Me encomendé a la Hermana Ludovica, rezaba la oración todos los días y muchas personas lo hacían en mi favor,

   Después de la operación me manifestó que durante la cirugía se había encontrado con algunas adherencias que debían analizar (biopsia). Después de ocho días, cuando vuelvo al consultorio con mucha sorpresa me comenta que el resultado daba negativo. Por lo tanto no habría necesidad de hacer quimioterapia.

   Doy gracias a Dios y a la mediación de Sor Ludovica. La fecha en que se dio esta gracia fue en junio de 1994. Ruego a Dios que lleve a la santidad a Sor Ludovica merecedora por su vida de amor y sacrificio".

 

El 16 de septiembre de 1993 fui intervenido quirúrgicamente extirpándome un fibrosarcoma, luego de un tratamiento oncológico de quimioterapia y radioterapia y transcurrido más de un año, la herida quirúrgica no terminaba de cerrar, por lo que a partir de octubre de 1994, comenzamos, mi esposa y yo a rezar diariamente la oración a Sor María Ludovica pidiendo su mediación para la cicatrización de la herida, y antes de que se cumpliera un mes la herida cerró completamente.".

 Atestigua la señora Olga sobre un accidente automovilístico ocurrido a su nieto: "mi nieto Diego venía sentado adelante al lado de su madre y a consecuencia del choque, el parabrisa explota, habiéndole entrado vidrio en los ojos provocándole tres heridas en cada córnea. Después de estar una semana con los ojos vendados y con curaciones cada seis horas, gracias a Dios y a la intercesión de Sor María Ludovica antes de lo que el médico consideraba las heridas comenzaron a cicatrizar. Luego continúo varios días más controlándose con unas gotitas en los ojos hasta su total curación. Le quedó una cicatriz en uno de ellos, pero que gracias a Dios no le afectó la visión".

 

La hermana Gladis, escribe desde Rosario para contar una gracia concedida por la Hermana Ludovica, en agosto de 1994.

   "En estas vacaciones de verano, cuando fui a visitar a mi familia a mi pueblo llamado Tres Fronteras, un nene de ocho años se extravió en el monte. Según me contaban mis parientes, su padrastro le pegaba mucho. Una mañana muy temprano, salió con una soga y su perro a buscar su caballo y no volvió durante el día; al atardecer, se veía venir una gran tormenta y el niño no había regresado.

   Diariamente nos reuníamos unas cinco o seis personas para rezar el Santo Rosario en la Parroquia. Nos habían pedido que rezáramos muy especialmente por este nene.

   Al día siguiente, no había noticias del niño. Varias personas y la policía lo habían buscado durante el día y no lo encontraron. Yo sufría como si fuera su madre; me preguntaba a mí misma porque Dios no nos escuchaba, qué hacer!, ¡cómo pedirle a Dios!, y me acordé que en mi Biblia tenía una estampa con la oración a la Hermana Ludovica.

   Ese día rezamos el Santo Rosario y la oración a Sor Ludovica. Así fue que al otro día a las nueve de la mañana se encontró el nene en perfecto estado de salud, solamente manifestaba tener mucha hambre.

  Al atardecer nuevamente me reuní con la gente para rezar y escuché de una señora: "La Hermana Ludovica se ha portado muy bien, recemos agradeciéndole", y así lo hicimos".

 

El día 13 de diciembre de 1992, la niña María Luján, de 16 meses de edad, realizaba un viaje en automóvil con sus padres por la Ruta N°7, camino a Ameghino.

   A la altura de San Andrés de Giles, el vehículo en que viajaban fue embestido por un camión del lado izquierdo, en el que viajaba la niña.

   El resultado del accidente fue de grandes proporciones. La niña recibió el impacto básicamente sobre la cabeza, del lado izquierdo, lo que le causó pérdida de masa encefálica y una fractura en la pierna izquierda.

    Debido a la gravedad que revestía la niña, debió ser trasladada en helicóptero al Hospital de Niños de La Plata. Allí se le efectuó una intervención quirúrgica de urgencia, en l que se le extrajo parte del hueso del cráneo, para poder limpiar la masa encefálica de los vidrios, pastos, restos de pintura, tierra. Estuvo tres días en coma grado 3.

   La intervención duró seis horas. Al finalizar, el diagnóstico del médico fue "En este momento la niña está compensada; en adelante, no sabemos".

   La abuela de María Luján, era quien la cuidaba, porque sus padres estaban internados, también muy graves, en un hospital alejado; la encomendó a la Sierva de Dios, María Ludovica, pidiendo por su intercesión, la curación de su nieta.

   A los diez días, la niña salió del coma; pero, de salvarse, se temía por las secuelas neurológicas y psíquicas; los médicos no podían asegurar que quedase bien.

   La niña, al principio, movió una manito, y poco después abrió los ojos. Luego se le empezó a alimentar por sonda, hasta que finalmente movió todos sus miembros y quedó en perfectas condiciones.

   El día 7 de enero fue dada de alta. A los dos meses del accidente, la niña se encuentra en perfectas condiciones: come, juega, se ríe, hace una vida normal y no presenta ninguna secuela neurológica, y hasta tiene una mirada más suave que antes.

 

Luciano sufrió un accidente en el campo donde vivía con sus padres. Jugando con su hermanita en un tractor, el niño hizo una mala maniobra, el tractor funcionó y le cortó el brazo izquierdo.

   Sus padres lo trasladaron a un Sanatorio Privado de la ciudad de Lincoln, provincia de Buenos Aires, allí le solicitaron ir al lugar del hecho y traer el miembro amputado para realizar el implante del mismo.

   Del sanatorio lo trasladan al Hospital Castex de Buenos Aires, en estado grave, el miembro implantado se había momificado y tenía un estado de intoxicación general. Le diagnosticaron gangrena gaseosa.

   Luego del Hospital Castex deciden trasladarlo a un Hospital de mayor complejidad y el niño es trasladado al Hospital de Niños de La Plata. Al llegar al Hospital dada la gravedad del caso se le hace firmar a la madre del niño una autorización para realizarle estudios especiales y autopsia en caso de fallecer.

   Se lo interna en la sala 6 de infectocontagiosos, y desde ese momento la religiosa de la sala comenzó a rezar la novena a Sor Ludovica, con la mamá del enfermito en la celda donde se encontraba internado.

   Es intervenido quirúrgicamente amputándole hasta el omoplato, dada la gravedad de la gangrena gaseosa.

   Después de ponerlo bajo la protección de la Hermana María Ludovica, el niño vuelve a la lucidez, y él mismo con su mamá se ponía todos los días bajo el amparo de Sor Ludovica.

   Se curó de la gangrena, se le hizo rehabilitación y volvió a su casa.

 

Tres Hermanas misioneras en África dan testimonio de una gracia concedida por Sor Ludovica: "Puedo decirles que también nos acompaña desde el cielo la querida Superiora Ludovica, pues de esto nos ha dado una prueba que les cuento. Antes de Navidad encontramos a una mujer que había sido mordida por una serpiente hacía ya dos días, tenía el brazo muy inflamado y con fiebre. La llevamos al Hospital de Bukavu (Zaire) pero no nos dieron esperanzas, pues quienes la vieron nos dijeron que era demasiado tarde. Pero Dios nos dio la Gracia de mantenernos firmes en la certeza de que para Él no hay nada imposible. Por la intercesión de la Superiora Ludovica hemos pedido la gracia de la salud para nuestra pobre hermana en Cristo. Después de algunos días tuvimos la gran alegría de verla completamente sana y llena de gratitud. ¡Gloria a Dios!".

 

La doctora Ana atestigua: "Sor Ludovica medió para que entrase a la residencia médica en 1991, en el servicio de recién nacidos, especialidad muy difícil de ingresar y así obtener el cargo de médico interino en la misma especialidad, una vez finalizado los tres años de residencia".

 

"Luego de reconocer las virtudes y concesiones otorgadas por la Sierva de Dios María Ludovica, durante el transcurso de su vida a los niños internados en el Hospital de Niños; encomendé y pedí por su intercesión la gracia de salvar la vida de mi hijo Diego. Mi niño había sufrido un terrible accidente en la Provincia de San Juan durante las vacaciones de invierno de 1993.

   Solicito se de conocimiento público de la gracia obtenida con Diego. Gracias".

 

"Cuando llegué a La Plata por primera vez eran las cinco horas de una mañana muy fría y lluviosa trayendo a mi hijo Víctor, trasladado desde Merlo, Provincia de San Luis, en estado muy grave. Fue ahí cuando conocimos el poder milagroso de la Hermana Sor Ludovica por medio de las hermanas del Hospital de Niños de La Plata. Hoy mi hijo goza de una perfecta salud".

 

La señora Sara y su nieto Sebastián atestiguan haber recibido la gracia de que Sebastián, luego de largos trámites, fuera exceptuado del Servicio Militar. Por este motivo pudo postularse para un empleo de donde lo citaron".

 

La señora Walkyria atestigua su historia: "Todas las noches rezo la oración a Sor María Ludovica y le pido que nos ayude a todos los que necesitamos algo. Principalmente he pedido que mi hijo que tenía poco trabajo y no podía hacer frente a los gastos esenciales de su familia.

   Desde que empecé fervientemente a rezarle, ha empezado a tener más trabajo".

 

Cecilia cuenta su historia: "A los diez años fui operada de un tumor benigno en la glándula tiroides. A los 27 años de edad, en el año 1995, se repite la misma enfermedad. Me extirpan el tumor del lado izquierdo. El día 9 de noviembre de 1996, aparece un nuevo tumor múltiple, atacando las cuerdas vocales, el nervio que le da movilidad a la lengua y un músculo que va desde el mentón hasta el hombro izquierdo, y un tumor en la vena yugular.

   Un sacerdote me aconsejó que invocara con mucha fe la protección de la Sierva de Dios Sor María Ludovica, pidiendo mi curación. Él a su vez a varias personas rogaran por la misma intención.

   Toda la sintomatología mencionada anteriormente, ocasionó una tercera operación con el temor de perder la voz, la movilidad de la lengua y otras secuelas.

   Hoy gracias a Dios me encuentro bien, controlándome periódicamente.

   Doy a conocer este testimonio para la Gloria de Dios y la pronta canonización de la Sierva de Dios Sor Ludovica".

 

Walter ,de 11 años, estaba ayudando a su papá en una construcción y con una tenaza quiso cortar el cable de una máquina de hormigón que estaba en funcionamiento, por lo tanto conectada a la electricidad. Un obrero lo vio caído, desenchufó la máquina y lo auxilió; estaba tirado en el piso con la tenaza en la mano sin conocimiento. Lo llevaron al Hospital más cercano haciéndole masajes cardíacos y respiración boca a boca hasta llegar al mismo.

   En el Hospital le hicieron los primeros auxilios, avisaron a su mamá que estaba grave, no reaccionaba y no le daban esperanza de vida. Lo trasladaron al Hospital de Niños a la Unidad de Cuidados Intensivos: respirador artificial durante seis días. Luego el médico informa que tuvo un paro cardíaco, uno de media hora en paro, lo que le produciría secuelas neurológicas. Perdió la vista.

   Junto con la familia se encomendó a la Sierva de Dios Ludovica y gracias a Dios y a su intercesión se recuperó. Se le dio el alta.

   Regresan para el control médico, neurológico y oftalmológico: respuesta estado normal, sin secuelas, fondo de ojo normal.

   Vienen a agradecer a Dios por intercesión de la Sierva de Dios Ludovica y jurar ser verdad lo que testimoniaron.

 

Un caso en Perú, atestigua que padecía de hemorragias con hemoglobina bajísima. Se le transfunde sangre.

   Lo intervienen el 16/07/90 con diagnóstico "carcinoma de estómago".

   Se acude a la Sierva de Dios, Sor Ludovica. El médico de cabecera creyó según su criterio de no practicar quimioterapia dado su gravedad. El cirujano le hace el tratamiento.

   A más de un año se repiten los estudios: ecografías, tomografías, análisis de sangre, etc., siendo los resultados todos negativos. Aumentó nueve quilos de peso.

   Su esposa que lo asistió viene a la Argentina a testimoniar y dar gracias a Dios que por intercesión de la Sierva de Dios le concedió esta gracia.

 

Agradecimiento a la Sierva de Dios Ludovica: por la gracia inmensa que por su intercesión recibimos de que nuestra hija Belén Ángel saliera satisfactoriamente de su operación del corazón.

   Lo logramos rezando en familia a Sor Ludovica. Prometo en la medida de mis posibilidades asistir más a la Iglesia. Su mamá.

 

   Gracias Sierva de Dios Ludovica! porque hiciste un gran milagro con mi hijo que le tenían que colocar una válvula en su cabeza por las insistentes convulsiones, con oración y fe en vos cuando estaban dispuestos a colocársela las convulsiones cesaron, fue tu mano milagrosa, tú fuiste su Ángel guardián, su protectora y su médico. Sra. González.

 

Pedí a la Sierva de Dios Ludovica por la salud de mi hijo de cuatro años, que tenía fiebre muy alta con todos sus síntomas (cefaleas, escalofríos, taquicardia) y no lograban llegar a un diagnóstico.

   Doy fe que mientras se buscaba la causa rogué insistentemente a la Sierva de Dios Ludovica que intercediera por mi hijito, fui escuchada y sin diagnóstico mi hijo sanó.

 

Hace doce años espero un nombramiento como Técnica de laboratorio, sin lograrlo

   En una exposición vocacional se le entregó a mi madre una estampa con la oración a la Sierva de Dios Ludovica.

   Desde ese momento durante un mes le rezó todos los días, sin prometerle nada, sólo le pidió la gracia con mucha fe y fue concedida.

 

Agradecida, testimonio que por intercesión de la Sierva de Dios Ludovica, mi hija y yo nos hemos curado de la enfermedad que padecíamos: soriasis. Canal. Córdoba, 1992.

 

Mi nieto sufrió un accidente automovilístico. Venía en el asiento delantero, el vidrio explotó entrándole vidrios en los ojos, provocándole tres heridas en cada córnea. Fue tratado por el especialista. Por mi parte lo encomendé a la Sierva de Dios Ludovica para que no quedara afectado de la vista.

   Durante seis días estuvo con los ojos vendados y con curaciones y antes de lo previsto por el médico las heridas se curaron quedando sólo una cicatriz en uno de los ojos, pero gracias a Dios no le afectó la vista. Itatí, Corrientes, 1993.

 

La Sierva de Dios Ludovica intercedió ante Dios en favor de la curación de mi yerno que padecía de un tumor maligno en una cuerda vocal, por tal motivo los médicos dijeron que debían extirparle la laringe y que no hablaría más. Fue operado y encontraron el tejido circundante sano, puede hablar y está en perfecto estado de salud ¡Gracias Sierva de Dios Ludovica!

 

Los que suscriben quieren dar testimonio de la gracia obtenida por intercesión de la Sierva de Dios Ludovica en favor de su hijito que padeciera un problema bacteriano pulmonar y de bulas.

   A los tres meses de edad se enfermó, lo llevamos al Hospital Daireaux a 500 Kilómetros de La Plata. Estuvo internado un día, dada la gravedad fue trasladado en avión al Hospital de Niños de La Plata.

   Al entrar al Hospital me emocionó el monumento de Sor Ludovica y algo me impulsó a dirigirme a ella pidiendo por la vida de mi hijo.

   Rezamos con mucha fe todos los días por la curación de Cristian. Lo operaron tres veces. Durante un mes fui constante en la oración con fe, y por intercesión de la Sierva de Dios conseguí la gracia.

 

Nuestro bebé de cuatro meses estaba en compañía de su hermanita de seis años. Nos avisa que el bebé estaba en la pileta, lo encontramos con mi esposo flotando, morado, hinchado. Lo saqué de la pileta, lo acosté en el césped, le apreté con fuerza los pulmones y el agua salió a borbotones; está muerto grité. Seguí haciendo la misma práctica, respiración boca a boca, pero no reaccionaba. En viaje al Hospital de Pilar lo iba reanimando. De ahí fue trasladado al Hospital de Niños de La Plata. El bebé llegó inconsciente, le colocaron respirador artificial, monitores, canalización, estaba sin vida.

   En el Hospital lo bautizaron y el sacerdote lo encomendó a la Sierva de Dios Ludovica. Rezamos continuamente a ella y cuando lo hacía se me llenaban los ojos de lágrimas: la imaginaba junto a la cama de mi hijito, con dulzura y cariño y ví como se recuperaba cada vez que la invocaba, hasta llegar a su curación completa sin secuelas neurológicas.

 

Hace tres años, cuando me recibí de antropólogo, no sabía que camino tomar, estaba un tanto desorientado y me sentía en inferioridad de condiciones ante los demás, pues mis notas no eran altas y no tenía un abultado curriculum vitae. Si bien tenía fe, no era lo suficiente y preferí confiar en los hombres y sus influencias, pues era conocido de gobernadores y diputados, pero no logré nada. Realizaba actividades en el Hospital de Niños y siempre pasaba por su capilla, entonces un día decidí hacerle una novena a la Sierva de Dios Ludovica, rezando la oración para pedirle su intercesión ante Nuestro Señor, para conseguir trabajo.

   A los tres días de oración me encuentro con un profesor y me informa que me habían concedido la beca a la que me había presentado, y que yo no le abrigaba esperanzas pues no tenía los antecedentes suficientes. Continué con la novena, pero dándole gracias a Nuestro Señor por la intercesión de la Sierva de Dios Ludovica.

 

Desde hace seis meses rezo todos los días con mucha fe a la Sierva de Dios Ludovica pidiéndole por su intercesión trabajo para mi hijo, casado y con una hijita, y que no podía solventar los gastos esenciales de su familia, trayéndole dificultades en la misma.

   El trabajo había disminuido notablemente. Desde que empecé a rogarle fervientemente comenzó a recibir mucho trabajo lo que le permite hacer frente a sus obligaciones y mejorar su situación económica.

  Doy testimonio que la Sierva de Dios Ludovica ha escuchado mi oración, seguiré pidiendo a Dios Nuestro Señor por su santificación.

 

Quiero testimoniar que por intercesión de la Sierva de Dios Ludovica recibí la gracia que dos niños fuesen bautizados. Mi hijo educado cristianamente se casó con una joven no creyente sólo civilmente. Nacieron dos hijitos sin ser bautizados. Recé siempre por esta causa pero sin respuesta.

   En 1997, en una caja entre unos folletos religiosos encontré uno de la Sierva de Dios Ludovica, me sombró mucho porque no se como vino a mis manos. Al verla dije: "Si tú me curaste cuando era niña en el Hospital, haz ahora que mis nietos sean bautizados". Después de mi oración a ella recibo un llamado telefónico de mi hijo diciéndome que ya quería bautizar a los niños. Gracias Sierva de Dios Ludovica que por tu intercesión hoy los niños están bautizados.

 

El día cinco de noviembre, mis hijos de cuatro y nueve años cruzan la Ruta 2, el menor fue atropellado por un automóvil. Lo llevan al Hospital de Berazategui y debido a su gravedad lo derivan al Hospital de Niños de La Plata directamente a Terapia Intensiva. Se le practicó todos los estudios necesarios y dio como resultado rotura de diafragma, estómago, bematemesi, líquido en pulmón, hemorragia de bazo, se le aplicó respiración mecánica asistida. El informe médico era gravísimo.

   Ante esta situación acudí a la Sierva de Dios Ludovica por su curación, y si ella estaba en el Hospital por algo era, esto me tranquilizó, me dio paz. Del quirófano salió con vida, pero grave. Todos los días pedía a la Sierva de Dios Ludovica salvara a mi hijo. Estuvo cinco días en Terapia. Me informan que le van a sacar el respirador, le repitieron todos los estudios comparando con los anteriores. Los médicos no se podían explicar la evolución favorable; para mí si tenía respuesta: la intercesión de la Sierva de Dios. Le dan el alta médica.

   Testimonio para gloria de Dios y difundir la santidad de la Sierva de Dios Ludovica.